Una investigación del Departamento de Kinesiología de la Facultad de Medicina UC encontró que la potencia muscular —medida con un test de salto— predice mejor el riesgo de caídas que la edad de la persona.
Fecha: 31 de agosto 2026
Habitualmente, asociamos el riesgo de caídas con personas mayores debido a la pérdida de la fuerza muscular, pero ¿es solo la edad y la fuerza lo que realmente aumenta el riesgo de caídas, o hay otros factores a considerar?
Un estudio exploratorio de académicos y alumnos del Departamento de Kinesiología de la Facultad de Medicina UC, encabezado por el Dr. Gonzalo Varas, Jefe de Programa del Diplomado en neurociencia clínica y control motor, apunta a que la potencia del músculo, y no solamente su fuerza, explica la posibilidad de recuperar el equilibrio tras un tropiezo.
Para entender el hallazgo, hay que distinguir la potencia muscular de la fuerza pura. La fuerza es cuánto puede empujar o levantar una persona, sin que importe la rapidez con que lo haga. La potencia, en cambio, combina esa fuerza con la velocidad: mide qué tan rápido el cuerpo es capaz de generarla.
Con ello en mente, los investigadores reunieron a 52 participantes, de entre 18 y 80 años, para medir la fuerza que aplicaron contra el suelo al saltar y la velocidad con la que su cuerpo se elevaba durante el salto realizado. Así, obtuvieron la potencia muscular de cada persona.
En una segunda sesión, el equipo simuló las caídas: sobre una plataforma controlada por computador, los participantes esperaban de pie un desplazamiento brusco hacia adelante, generando el mismo efecto que pisar algo resbaloso. Esto obligó a su cuerpo a reaccionar de inmediato para no caer hacia atrás, y permitió al equipo registrar qué tan bien cada persona lograba recuperar la estabilidad tras el desbalance.
Al cruzar ambos datos, el equipo encontró que la potencia muscular explicó cerca de la mitad de las diferencias en la estabilidad entre los participantes.
Más llamativo aún: al considerar la potencia muscular de cada persona, la edad dejó de predecir por sí sola el riesgo de perder el equilibrio. Es decir, dos personas de la misma edad pueden tener un riesgo de caída muy distinto según su potencia muscular, y dos personas de edades distintas pueden compartir el mismo riesgo si su potencia es similar.
En esta línea, el Dr. Varas afirma “creemos que la potencia muscular debe medirse en clínica, y dejar de confundirse con otros conceptos como falta de fuerza (dinapenia) o debilidad ósea (sarcopenia)”.
En detalle, obtuvieron el umbral de potencia muscular necesaria para no caer: 26,0 W/kg.
“El umbral de 26 W/kg corresponde a la potencia muscular que determina una buena estabilidad posterior a experimentar una perturbación postural. Si la potencia estaba por debajo de ese valor, la posibilidad de experimentar una caída en nuestro paradigma experimental aumentaba significativamente”, explica Varas.
En este sentido, Varas explica que evidencia reciente muestra que la potencia muscular comienza a decaer desde los 30 años, mucho antes de lo que suele asociarse con la vejez, por lo que medirla podría funcionar como un biomarcador temprano de deterioro funcional, no solo en adultos mayores sino también en personas jóvenes o en procesos de rehabilitación tras una lesión neurológica o musculoesquelética.
Ahora, el equipo del Departamento de Kinesiología UC avanza en esa dirección: este semestre inicia nuevos proyectos para identificar indicadores neuromusculares que predigan fragilidad en personas mayores, y para estudiar la actividad cerebral durante la pérdida de equilibrio, comparando personas con riesgo de caídas y personas con buen balance.
Ahora bien, el equipo acota en que este hallazgo es un punto de partida, no una herramienta lista para usarse en clínica. “Este valor es exploratorio, y es importante confirmarlo ampliando el número de participantes a medir”, señala Varas.
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